| AQUEL DESTAPE |
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| Escrito por Gilberto Haaz Diez |
| Jueves, 25 de Febrero de 2010 03:00 |
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La posibilidad de realizar un sueño es lo que hace que la vida sea interesante. Camelot. AQUEL DESTAPEComo se los cuento ocurrió. En 2003 había once aspirantes al gobierno de Veracruz, tiempos del exgobernador de las estrellas, Miguel Alemán Velazco. El más aventajado era Fidel Herrera Beltrán, las encuestas así lo demostraban. Pero el hombre fuerte de Televisa aún se resistía. Cuentan los que saben de estas cosas, que su plan A era Mauro Loyo Varela, hoy reclutado por Dante Alfonso Delgado Rannauro como candidato a alcalde de Veracruz por Convergencia, para seguir la línea de los médicos brujos en las presidencias, uno que curaba la panza (Jon Rementería Ciempies), y otro que ahora viene a curarles el coco, Mauro Loyo Varela, conocido entre la flota jarocha como ‘pito loco’. Su plan B era Montano (Alejandro), aunque para algunos era y sigue siendo el consentido del patrón. Comentaron al paso del tiempo que cuando las encuestas no daban los resultados esperados, se fueron por Flavino Ríos Alvarado, secretario de gobierno, que pasó a ser plan P, por preferente, como las líneas de aviones con asiento de primera: cómodos, anchos y caros. AQUELLA LLAMADA Esa mañana del día 22 de enero de 2004, quien esto escribe llegaba a Veracruz. Javier Duarte de Ochoa, hoy encaminado a la grande, llamaba por fon. Pedía pasar a recoger al senador Fidel Herrera Beltrán a un domicilio en Costa de Oro, en Boca del Río. Al llegar allí todo era algarabía, el senador se hacia acompañar de unos cuantos amigos, entre ellos Tavo Souza Escamilla, y una mujer priísta, dueña de la residencia. Se habían pronunciado y escuchado las palabras mayores. Alemán rendía la plaza. Me imagino que ya en corto (conste que solo lo imagino), el gobernador de Televisa le dijo: ‘Me rindo, Fidel, tómala, es tuya, hazlo bien y no mires atrás’. Sólo lo imagino. El senador me comentó que el PRI le daba candidatura. Le felicité. 30 años después llegaba aquello esperado, la candidatura que buscó y buscó y no encontraba porque, cuando no se le atravesaba uno, se le atravesaba otro por el dedo presidencial, que todo lo mandaba y disponía. LAS PALABRAS MAYORES La estrategia era salir de Veracruz Puerto. Había que alejarse y dejar que el pronunciamiento comenzara a circular de boca en boca. Que las olas se desbordaran y que llegaran a la playa con suavidad. “Vámonos a Orizaba”, me dijo. Nos trepamos a su camioneta, en el tramo de la cara y mala autopista de Capufe recibía llamada tras llamada. El fon no dejaba de sonar. El celular palpitaba. Aún no era rojo, eso sería tiempo después. El hombre era otro, la sonrisa y la satisfacción invadían su rostro. Había soñado, luchado y batallado por ese momento y ahora allí estaba, a su mano, a su alcance. Quizá su mente, en los pocos momentos que no hablaba por teléfono, se transportaba a los años de su niñez, cuando solo se tienen sueños. Los secretarios del gabinete, muchos de ellos presuntos suspirantes, uno a uno iban cuadrándose. Me imagino (sólo me imagino), que su comandante en jefe les dijo: “¡Es Fidel!”, y comenzó el proceso de reconocimiento y de ofrecimiento de todas las ayudas. La bufalada aún no llegaba. Fiel a su costumbre, trepó a su camioneta a un presunto candidato a alcalde pueblerino. A los kilómetros lo bajó y nos fuimos en el acopio de llamada tras llamada. Era Fidel el candidato del PRI al gobierno de Veracruz. Alemán se lo había reconocido. Era el mejor posicionado. El único que podía, decían los conocedores, derrotar al PAN, que ya vislumbraba una sorpresa de votos. LA TOUR ORIZABEÑA Al llegar a Orizaba, directo nos fuimos a comer a Romanchu. Su dueño, Luis Gutiérrez Príncipe, no aparecía, andaba de viaje. Llegó Juan Manuel Diez Francos, que ni soñaba ser alcalde de Orizaba, menos candidato, y en una pequeña mesa allí teníamos al hombre que dirigiría los destinos de Veracruz de 2004-2010. En Orizaba perdimos el tiempo. O más bien lo ganamos. Después de la comida con pocos contertulios, escasos dos, el senador llegó a visitar a la familia Poceros, en Mendoza, luego, enfrentito al Padre Alejandro Melchor, recorrimos la iglesia, bella y modesta. Poco antes aprovechó a dar el pésame y llegamos al cementerio Juan de la Luz Enríquez, había fallecido el padre de Oscar Zanatta, quien luego sería delegado de Tránsito en Orizaba en tiempos del gobernador Herrera, y que lamentablemente también falleciera años después. Zannata se había ganado el puesto por lealtad, cuando era delegado de Fortín, con dos patrullas escoltó a Fidel que andaba en el periplo de buscar candidatura. Cuando el alto mando jalapeño se enteró, lo cesaron fulminantemente. Zanatta se quejaba conmigo, amigo personal de mi hijo Juan Carlos, le dije: aguanta, ya vendrán tiempos mejores. Y llegaron. LA NOCHE Por la noche, un taco de carrerita con los hermanos Trujeque, dirigentes electricistas que tenían un huateque en un salón de Oriente 3. Por allí merodeaban los transportistas Zepahua, Castelán y Aquileo. Aún no sabían de la definición y de las palabras mayores y el alto mando los tenía medios copados y asustados, se acercaban con cuidadito sin saber que el señor sol había iluminado Nopaltepec por la mañana. Como se los cuento, ocurrió. Así lo recuerdo al paso de los años y hoy, en tiempos de pronunciamientos y de candidaturas nuevas, valió la pena recordarlo. Son historias de una asunción que se dio, en un día de enero del año 2004 de nuestro Señor Jesucristo, cuando un candidato escuchó las palabras mayores, hace seis años. Ay mijito, cómo pasa el tiempo, diría Minga. Comentarios: Esta dirección electrónica esta protegida contra spam bots. 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