LUIS ARTURO UGALDE
Conocedor del sistema político veracruzano. Hombre que hizo y forjó su carrera en el sistema laboral en la Secretaría del Trabajo y algo llamado Previsión Social, en la que sirvió durante 28 años. Un día de una mañana gris, de esas muy xalapeñas, cuando la bruma se topa en las narices y la escena parece típica londinense, le llegó una mala nueva, arribó al gobierno federal un vaquero con botas apellidado Fox, el ínclito que ahora se dedica a la ordeña de vacas en su rancho San Cristóbal, llegó y triunfó y derrocó al PRI de 70 años. La primera orden que dieron fue que los priístas ahuecaran el ala. Que desocuparan los asientos. Y en Xalapa uno de ellos era Luis Arturo Ugalde Álvarez, delegado federal. Luis recogió sus cachivaches y se fue en el desconsuelo de saber que habían llegado los puritanos de Monseñor Abascal, con quienes no comulgaba.
A LA ORDEN
Juan Maldonado Pereda, secretario de Educación del exgobernador de las estrellas, lo rescató. Le llamó a sus filas y lo hizo Secretario Técnico de la Secretaría y el refrigerador de casa volvió a llenarse. Cuando Alemán se fue y quedó en el desempleo, el cuenqueño Fidel Herrera Beltrán algo le vio y lo reclutó para su staff, lo alineó como cuando Barcelona se hizo de los servicios de Messi, Fidel llegaba con mucho chamaco que apenas salían destetados y gateaban con mamilas y requería de alguien curtido en la experiencia. Los Chiliswillis apenas aprenderían el arte de las antesalas. Luis era una gente de experiencia. Así fue esa historia. Llegó y ordenó la poderosa secretaría particular -donde no se duerme y donde las arañas hacen su nido y los gritos y regaños son el pan nuestro de cada día-, a la cual ha servido con lealtad, aunque algunas veces ha sido grillado. Su jefe ahora anda pegado a los Oscar de la Academia de Hollywood. Si en Veracruz se diera un premio así, sin duda Luis Ugalde se llevaría uno por la lealtad y la eficiencia. Y conste que cuando uno le visita, muy allá de vez en cuando, no invita ni un café.
DUARTE Y LILA
Javier Duarte de Ochoa, el doctor de la complutense, el que llena acto tras acto y muestra el músculo de su partido, anduvo y andó por Tezonapa y Cuitláhuac, que también son pueblos. En esa zona, la gente del campo, los cañeros, los campesinos y la sociedad civil le arroparon al igual que al médico Manuel Lila de Arce. Uno va por la silla grande, la de Palacio de gobierno; el otro, por una diputación local por su pueblo, Tierra Blanca. Ambos dos (Fox dixit), caminan y bregan. Gastan suelas de zapatos y estrechan manos y miran a los ojos a los electores y comprenden y entienden sus necesidades. Duarte llena plazas, estadios, parques y a todos lados le siguen en multitudes los fieles priístas y, además, integra a gente de la sociedad civil. En un trayecto del camino, cuando iba con Lila arriba de la camioneta rumbo a otro acto, Javier me comentó vía telefónica que anda muy apurado. Que no descansa y que va a ir a todos los rincones del estado. Esa misma mañana fue entrevistado por XEJF/AM radio, la de la Cuenca.
EL CUMPLE DE FIDEL
El gobernador Herrera Beltrán cumplió años trabajando. Como lo hace año tras año desde que tiene memoria. Al lado de su familia y con los suyos que le quieren y con la gente que le respeta y reconoce su trabajo por Veracruz, el gobernador apagó la velita del pastel. Como apagó la del Parque Jurásico de los 81 años del PRI, el partido de su vida, aquel que un día llegó y le dijo a la dirigencia de esos años de los 70’s: cuídenme los espacios, porque seré diputado cuatro veces, senador una y gobernador otra. Muy significativo el año porque es el del Bicentenario. Y es el último que festeja como gobernador. Los otros los hará en la política de siempre y quizá, si el tiempo ayuda y va adonde muchos veracruzanos quieran que vaya, en Los Pinos un día invite a la gorra por unas agüitas de jamaica y unos tamalitos de elote, como festejaba Echeverría en los tiempos que la patria iba Arriba y Adelante. Ahora la patria veracruzana va encaminada a decir que ‘viene lo mejor’. Felicidades.
LUJAMBIO Y LA DEMOCRACIA
Alonso Lujambio es secretario de Educación de Calderón. Chulo y guapo como Peña Nieto. Pulcro, pelo engomado, sibarita y con sus Hugo Boss o Versace. Vaya usted a saber. Totalmente Palacio a la hora de vestir, más no a la hora de hablar. Dijo algo de la democracia, que México ‘tenía una democracia tonta, porque no aprovecha su capital político’, y un espécimen del Parque Jurásico, César Augusto Santiago le reviró y le dijo ignorante, o algo así. Ahora la democracia está en boga. De la democracia y la política ha hablado gente más capacitada que uno. Harry Truman: “Ningún gobierno es perfecto. Una de las principales virtudes de la democracia, sin embargo, es que sus defectos son siempre visibles y en los procesos democráticos pueden señalarse y corregirse”. El Nobel Saramago: “El poder real es económico, entonces no tiene sentido hablar de democracia”. Rescato una de Groucho Marx: “La política es el arte de buscar problemas, encontrarlos, hacer un diagnóstico falso y aplicar después los remedios equivocados”. De Adenauer: “En política lo importante no es tener razón sino que se la den a uno”.
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